La convocatoria de Morena para definir la Coordinación de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Tlaxcala no solo abrió la puerta a la sucesión de 2027; también abrió una ventana política de seis meses para que los aspirantes recorran el estado bajo una figura que, en los hechos, se parece demasiado a una precampaña anticipada.
El documento parece diseñado con bisturí político.
Por un lado, Morena establece que el registro se realizará del 22 al 27 de junio de 2026, tanto en línea como de manera presencial. Hasta ahí, nada extraordinario. Lo verdaderamente interesante aparece después: la Comisión Nacional de Elecciones podrá publicar la relación de solicitudes aprobadas hasta el 31 de diciembre de 2026.
Ahí está la clave.
Durante ese periodo, quienes soliciten su registro podrán recorrer comunidades, organizar reuniones vecinales, realizar asambleas, visitar casa por casa y promover la organización territorial del movimiento. Formalmente no estarán haciendo campaña. Legalmente hablarán de comités, soberanía nacional, defensa de la transformación y trabajo territorial. Pero políticamente estarán construyendo estructura, reconocimiento y presencia rumbo a la gubernatura.
Es decir, Morena creó una ruta para que sus aspirantes caminen Tlaxcala durante meses sin llamarle campaña.
Plan con maña.
La convocatoria cuida el lenguaje. No habla de la candidatura al gobierno estatal, sino de una coordinación interna. No habla de precampaña, sino de organización territorial. No habla de promoción electoral, sino de defensa de la transformación. Pero en política las palabras suelen ser trajes a la medida: cambia el nombre, no necesariamente la intención.
Y en Tlaxcala todos entienden el mensaje.
Quien se registre no solo buscará superar un filtro interno. También tendrá la oportunidad de medir músculo, ganar presencia territorial, activar simpatizantes, sumar operadores y poner a prueba su narrativa. Quien no camine, se quedará fuera de la fotografía. Quien camine más, llegará con ventaja emocional, territorial y mediática cuando Morena decida quién sí y quién no entra a la encuesta.
La convocatoria deja además otro punto delicado: no todos los que se registren serán aceptados. La Comisión Nacional de Elecciones podrá validar perfiles, revisar trayectorias, valorar reconocimiento territorial, afinidad con el movimiento, formación política e incluso determinar si existieron prácticas contrarias a los principios del partido.
En otras palabras, Morena se reserva el derecho de admisión.
Eso significa que durante meses varios aspirantes podrán recorrer el estado creyendo que están en la ruta correcta, pero al final el partido podrá decirles simplemente: gracias por participar. Y como el resultado será inapelable, el margen para impugnar será prácticamente inexistente.
El documento también contempla que, si existen más de seis registros, se realice un sondeo para reducir la lista. Después vendría la encuesta o el estudio de opinión. Pero incluso ahí queda una puerta abierta: la Comisión podrá incluir perfiles en encuestas, sondeos o estudios conforme a sus propios criterios.
Traducido al castellano político: no basta con registrarse, no basta con moverse y no basta con llevar porra. La decisión final seguirá concentrada en la dirigencia nacional y, por supuesto, en la gran electora del movimiento: la presidenta de la República.
Alfonso Sánchez García ya anunció que dejará la alcaldía capitalina. Ana Lilia Rivera mantiene un peso político propio a nivel nacional. Otros perfiles comienzan a moverse, medirse y buscar pista. Y mientras la oposición apenas intenta ordenar su discurso, Morena ya puso a correr a los suyos.
La paradoja es evidente: el mecanismo que pretende ordenar el proceso también puede acelerar la disputa interna.
Morena sabe exactamente lo que hace.
Con esta convocatoria gana tiempo, mide aspirantes, observa lealtades, pone a prueba estructuras, contiene rupturas y mantiene el control de la decisión final. Les da cancha a todos, pero no les garantiza nada. Les permite caminar, pero no les entrega boleto. Les abre la puerta, pero conserva la llave.
Ese es el verdadero fondo del documento.
No se trata únicamente de una convocatoria. Es el arranque formal de la sucesión en Tlaxcala.
Y también una advertencia: quien aspire a la candidatura tendrá que caminar, resistir, obedecer, medir cada paso y entender que la encuesta no será el único filtro.
Porque de aquí al 31 de diciembre veremos muchos discursos de unidad, muchas fotografías en territorio y muchas sonrisas para la cámara.
Pero debajo de todo eso, la batalla por la gubernatura ya comenzó.
Y como suele ocurrir en Morena, la guerra más dura no será contra la oposición.
Será entre ellos mismos.
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LA CAMINERA…El tema del género…La parte de género también pesa. La convocatoria de Morena dice que se privilegiará la decisión del pueblo expresada en encuestas, pero al mismo tiempo se garantizará la paridad. Si los resultados nacionales arrojan más hombres que mujeres, Morena podrá hacer ajustes y considerar a las mujeres mejor posicionadas.
Esto es fundamental para Tlaxcala. Porque aunque un hombre aparezca arriba en una eventual medición local, el género puede terminar definiéndose en una lógica nacional. Morena no solo va a resolver Tlaxcala; va a cuadrar el tablero completo de las gubernaturas y cargos en disputa. Ahí es donde más de un suspirante puede descubrir que ganar una encuesta no siempre significa quedarse con la candidatura.
****AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…La convocatoria de Morena establece reglas claras: nada de campañas dispendiosas, nada de espectaculares, nada de recursos públicos, nada de intervención de funcionarios y nada de golpeteo entre aspirantes. En el papel suena impecable. La verdadera prueba será comprobar si el partido es capaz de hacer que sus propias reglas se cumplan.
Porque la realidad es que en Tlaxcala la sucesión está encendida desde hace meses.
Bastó observar el primer partido de México para encontrar una imagen que vale más que mil discursos: el esposo de la gobernadora portando una camiseta con el nombre de Alfonso y el número 2027 en la espalda, mientras a su lado se encontraba Lorena Cuéllar entre cientos de aficionados. Un mensaje político disfrazado de pasión futbolera. En el poder todo comunica.
A eso se suman las bardas que desde hace tiempo promocionan a Alfonso, Ana Lilia y Dulce. Pintas que se multiplicaron por todo el estado mientras la autoridad electoral parece navegar sin rumbo. Un día sostiene que las bardas no tienen dueño; otro, ordena despintarlas cuando el mensaje ya recorrió cada municipio y cumplió su objetivo.
Por eso la convocatoria parece más un llamado a misa que una verdadera advertencia. Todos escuchan el sermón, todos asienten con la cabeza, pero nadie parece dispuesto a abandonar los pecados que los tienen adelantados en la carrera por 2027. Y en Morena, como en la política, la tentación siempre está a la vuelta de la esquina.
