La contienda interna por la candidatura de Morena a la gubernatura de Tlaxcala se ha convertido en un escaparate de oportunismo político. Lejos de presentar propuestas claras y diferenciadas, los aspirantes han optado por una estrategia común: adherirse  a cualquier sector, causa o figura con capacidad de movilizar simpatías – o eso piensan- sin importar las contradicciones ideológicas o el pasado de los organismos a los que se arriman.

El domingo antepasado, el alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, fue visto en un evento de Antorcha Campesina, organización históricamente ligada al PRI. Nada habría de extrañar si no fuera porque el líder nacional de ese movimiento, Aquiles Córdova Morán, fue un crítico feroz del gobierno de Andrés Manuel López Obrador —a cuyo partido hoy pertenece el edil—  calificando al sexenio de AMLO como una «decepción». Incluso, ha mantenido una postura de exigencia y señalamiento hacia la administración de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, el alcalde posó sonriente, como si tal afrenta no existiera. La coherencia, al parecer, será la primera víctima de las aspiraciones políticas.

En la misma tesitura, la senadora Ana Lilia Rivera Rivera acudió – por apenas unos minutos – como lo evidenció el video subido por el propio sindicato— a la marcha del 1 de mayo, Día del Trabajo, pero no para sumarse a organizaciones obreras independientes o afines a la Cuarta Transformación, sino para caminar junto al contingente de la CTM – CECyTE, estructura priísta por antonomasia. En su discurso, la legisladora no tuvo empacho en reivindicar los logros de la 4T, como el incremento salarial del 154% entre 2018 y 2026. Sin embargo, el contraste entre su presencia fugaz y el respaldo a una organización de otro signo político revela más cálculo electoral que convicción.

No se queda atrás Óscar Flores Jiménez, actual secretario de Finanzas del Estado de México y otro de los aspirantes morenistas. Hace un mes, se reunió con empresarios locales encabezados por la apizaquense Marina Aguilar López. En ese foro, Flores Jiménez habló de su trayectoria en el gobierno federal, presumió haber manejado un presupuesto millonario en la SEP bajo la instrucción de López Obrador, y aseguró que su motivación no es la política, sino el «amor por Tlaxcala». Un recurso emotivo, sin duda, pero insuficiente para esconder que su acercamiento al sector empresarial —no precisamente el bastión histórico de Morena— responde posiblemente a la necesidad de financiamiento y respaldo mediático, más que a una acercamiento real con la pueblo, con el que por cierto, no se le va visto.

Finalmente, Carlos Augusto Pérez Hernández, ex presidente de Morena en Tlaxcala, ha optado por colgarse de la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. A través de folletos repartidos en las calles, invita a conocer el llamado «Plan B», como si la defensa de una iniciativa institucional bastara para construir una candidatura. No hay propuestas de seguridad, empleo o desarrollo; solo propaganda que intenta capitalizar el arrastre de la mandataria federal.

Y estos son sólo algunos ejemplos… de Raymundo Vázquez Conchas, Dulce Silva y Homero Meneses con su “Humanismo Mexicano” hablaremos otro día.

En suma, los aspirantes de Morena en Tlaxcala parecen competir más por ver quién se cuelga de más causas ajenas que por construir un proyecto sólido y propio. El peligro es que, en ese afán oportunista, terminen por vaciar de contenido el discurso de la Cuarta Transformación y, lo que es peor, por defraudar a los tlaxcaltecas que esperan soluciones, no postureo. La ciudadanía merece aspirantes con principios, no políticos camaleónicos dispuestos a abrazar a cualquiera con tal de sumar un voto. Se lo digo así, sin maquillaje, ni retoques.

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