Dra.Elsa Martínez Flores

Hace apenas un año se hablaba de la inteligencia artificial generativa como una tecnología capaz de escribir, crear imágenes, producir música y ayudar a las personas a resolver prácticamente cualquier tarea.

Hoy el debate se mueve hacia otro lugar. Meta Connect 2026 dejó claro lo que las empresas tecnológicas buscan en poco tiempo: que la inteligencia artificial sea imprescindible para los seres humanos. Para lograrlo, Meta ofrecerá herramientas que prometen mejorar la vida de las personas y simplificar sus múltiples tareas.

Las nuevas gafas inteligentes de Ray-Ban se perfeccionaron: ahora se ofrecen con cámara integrada o sin ella, y apoyan a personas con problemas auditivos y de visión. Además, en la primavera de 2027 llegará una nueva línea denominada Meta VR Glasses, un visor de realidad virtual ultraligero para jugar o ver películas en 3D.

Meta presentó también a Muse, un agente capaz de acompañar a las personas en diferentes actividades; en pocas palabras, un asistente personal de bolsillo. Es una inteligencia artificial muy evolucionada y disponible para unos cuantos, pero se pretende que en pocos años sea tan comercial como un teléfono celular.

Mientras las empresas presentan estos dispositivos, otra conversación busca entender lo que implican. El 28 de septiembre, unos días después de Meta Connect, se realizaron en Ciudad de México las “Jornadas de investigación sobre la Inteligencia Artificial desde las Ciencias Sociales”, organizadas por el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO) donde estos mismos procesos se analizaron desde otra mirada.

Especialistas de distintas disciplinas de las Ciencias Sociales compartieron reflexiones teóricas e investigaciones empíricas, concluidas o en proceso, relacionadas con la inteligencia artificial, las redes sociodigitales y el big data.

El contraste es revelador. Las empresas tecnológicas presentan dispositivos y sistemas cada vez más integrados a nuestra vida; las Ciencias Sociales intentan comprender qué significa esa transformación para las personas, las relaciones sociales y las estructuras que organizan la vida cotidiana.

La velocidad de la tecnología no siempre coincide con la velocidad con la que una sociedad puede comprender sus consecuencias. En un año, el escenario cambió: la IA comienza a incorporarse a objetos que utilizamos todos los días y a sistemas capaces de interactuar con nosotros de manera mucho más constante.

Una IA que puede ayudarnos a encontrar información, interpretar nuestro entorno o realizar tareas necesita datos. Muchos datos. Y cuando esa inteligencia artificial está conectada con plataformas digitales que conocen nuestros hábitos, intereses, contactos, búsquedas y comportamientos, la discusión deja de ser únicamente tecnológica. Se convierte en una discusión sobre poder.

¿Quién controla esa información y quién decide cómo se utiliza? ¿Qué sucede cuando dejamos de ser solamente usuarios de una plataforma y nos convertimos también en una fuente permanente de datos para entrenar, personalizar y mejorar sistemas de inteligencia artificial?

Las “Jornadas de investigación sobre la Inteligencia Artificial desde las Ciencias Sociales” llegaron en un momento particularmente oportuno. La inteligencia artificial avanza a una velocidad impresionante, pero una sociedad no se transforma solamente porque aparezca una nueva tecnología. Se transforma cuando esa tecnología modifica nuestras prácticas, relaciones, decisiones y hasta la manera en que entendemos la propia vida cotidiana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *