Mariana LOVERA// La salida temporal, pero por tiempo indefinido, del diputado local Silvano Garay Ulloa del Partido del Trabajo (PT) de la 65 Legislatura local, ha activado de inmediato un mecanismo de relevo familiar que redibuja el escenario político del distrito. La solicitud, ya en manos de la Comisión de Puntos Constitucionales, no solo abre un paréntesis en la trayectoria del legislador, sino que despeja el camino para un suceso poco común en la dinámica formal del congreso: la protesta de su propio hijo, Silvano Garay Loredo, como sustituto.

Este movimiento trasciende una simple licencia administrativa. Plantea interrogantes sobre la naturaleza de la representación política y el diseño de las suplencias en el sistema electoral. La figura del suplente, concebida para garantizar la continuidad de la representación ciudadana ante ausencias, se convierte aquí en un vehículo de sucesión intrafamiliar, un «relevo generacional» en caliente dentro de la misma curul.

El foco de la noticia ya no es solo la ausencia del titular, sino la inminente presencia del heredero político. La próxima sesión en la que se cite a Garay Loredo para rendir protesta se perfila como el acto central, un traspaso de cargo que fusiona lo personal con lo institucional. Esto sitúa al partido en una posición delicada, donde debe balancear su defensa del procedimiento legal (totalmente válido) con la percepción pública de que fortalece dinastías políticas en un espacio destinado a la representación popular diversa.

La licencia «por tiempo indefinido» añade un matiz estratégico: no es una renuncia, sino una suspensión que mantiene al diputado original como titular nominal, mientras su suplente —y en este caso, su descendiente— ejerce el poder efectivo