La madrugada del Sábado de Gloria, sujetos armados irrumpieron en una velación en Cuauhtelulpan, se llevaron dinero, celulares y la imagen del Santísimo. Es por lo menos, el quinto ataque a recintos religiosos en menos de un año.

Mariana LOVERA// La ola de robos y profanaciones en templos católicos de Tlaxcala no cesa, y el clímax de esta espiral delictiva se vivió en pleno Sábado de Gloria, cuando sujetos armados irrumpieron en una velación en la comunidad de San Lucas Cuauhtelulpan, en el municipio de Tlaxcala, y además de despojar a los feligreses de sus pertenencias, se llevaron consigo al Santísimo.

El hecho ocurrió alrededor de las 02:20 horas del pasado sábado 4 de abril, mientras los asistentes se encontraban en plena oración. Los delincuentes ingresaron al recinto portando armas de fuego, amenazaron a los presentes y huyeron con dinero en efectivo, teléfonos celulares y la sagrada imagen, a bordo de una motocicleta y un vehículo tipo Aveo color azul marino.

Este ataque se suma a una preocupante cadena de ilícitos que han golpeado a la Iglesia católica en la entidad, que sin que las autoridades logren frenar la impunidad.

El 26 de junio de 2025 en la parroquia de Santiago Michac, municipio de Nativitas. Dos sujetos ingresaron al templo alrededor de las 05:30 horas y, con un calculado modus operandi —uno distraía mientras el otro ocultaba la pieza bajo su suéter—, lograron hurtar la cabeza de la escultura de Santiago Apóstol, una imagen con aproximadamente 150 años de antigüedad.

El párroco José Daniel descubrió el faltante al mediodía e hizo repicar las campanas, convocando a los feligreses. Las cámaras de seguridad captaron a los responsables, pero hasta la fecha no han sido detenidos.

En octubre de 2025, la iglesia de San Jorge Tezoquipan, en Panotla, fue víctima de un robo en el que sustrajeron aproximadamente 45 mil pesos destinados a obras del atrio. Los delincuentes dañaron accesos, cerraduras y la sacristía.

El 29 de enero de 2026, cuatro individuos asaltaron con violencia la Capilla de Adoración Perpetua en pleno centro de Apizaco. Al no poder abrir la alcancía de limosnas, decidieron despojar directamente a los feligreses que se encontraban en oración, generando momentos de pánico e indignación.

El 29 de marzo pasado, la parroquia de San Luis Rey, en San Luis Apizaquito (Apizaco), fue saqueada. Los delincuentes forzaron puertas y candados para llevarse equipo de audio y el dinero de las alcancías, con un monto estimado en 70 mil pesos.

Y finalmente, el asalto del Sábado de Gloria en Cuauhtelulpan, el más sacrílego de todos por haberse perpetrado en una noche de máxima significación religiosa y con violencia armada.

El obispo de Tlaxcala, Julio C. Salcedo Aquino, calificó este hecho como uno de los delitos más graves contra la fe católica, señalando que, según el Código de Derecho Canónico (c. 1367), “quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión, reservada a la Sede Apostólica”.

Ante la profanación, la Diócesis hizo un llamado a orar intensamente por los responsables, para que tomen conciencia de la gravedad de sus actos y devuelvan la Eucaristía.

Pese a que varios de los hechos quedaron registrados en video, la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) no ha reportado personas detenidas en ninguno de los casos. Tras el robo del Santísimo en Cuauhtelulpan, elementos de la Policía Municipal y de la Secretaría de Seguridad Ciudadana implementaron un operativo de búsqueda que resultó infructuoso.

Los afectados han anunciado que presentarán las denuncias correspondientes, mientras la comunidad católica tlaxcalteca vive con temor y consternación la imparable ola de saqueos que ni siquiera en los días santos respeta la fe.

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Morena construye unidad con rumbo Ana Lilia Rivera Rivera Morena tiene ante sí el reto de mantener la unidad de su movimiento y fortalecer su organización rumbo a 2027. La tarea implica preservar los principios que le dieron origen, establecer reglas claras para la participación política y mantener el compromiso con la transformación que millones de mexicanas y mexicanos respaldaron en las urnas. Este sábado, el Consejo Nacional de Morena se reunió para abordar asuntos relevantes para la vida interna del partido y su preparación ante el próximo proceso electoral. Entre los temas previstos estuvieron la política de alianzas y los lineamientos que deberán orientar la actuación de quienes participamos como coordinadores estatales, y quienes participarán como coordinadores distritales y municipales. La importancia de estos asuntos va más allá de la organización electoral. Morena nació como un movimiento que convocó a personas con distintas experiencias y trayectorias, unidas por la convicción de que la política debía estar al servicio del pueblo. Esa diversidad continúa siendo parte de su identidad y representa una responsabilidad para quienes tenemos la tarea de contribuir a su desarrollo. La unidad no significa pensar de la misma manera ni renunciar a las diferencias. Significa reconocer que existe un propósito común y que las aspiraciones personales deben conducirse con respeto a los principios y a las reglas de la organización. Un movimiento con presencia en todo el país necesita mecanismos claros para tomar decisiones, procesar sus diferencias y mantener la participación de su militancia. Por eso, los lineamientos rumbo a 2027 tienen una relevancia particular. Quienes asumimos responsabilidades de coordinación debemos tener presente que se trata de tareas al servicio del movimiento, no de posiciones que otorguen privilegios personales. Su actuación debe corresponder a los principios de honestidad, congruencia y respeto a la ciudadanía. El mismo compromiso debe prevalecer en la definición del resto de las coordinaciones. Los procesos internos tienen que desarrollarse con apego a las reglas que establezca el partido y con la responsabilidad de entender que la confianza ciudadana se construye con trabajo, resultados y cercanía con la gente. Ninguna aspiración puede estar por encima del proyecto colectivo. La política de alianzas es otro tema fundamental. La construcción de acuerdos con otras fuerzas políticas puede contribuir a alcanzar objetivos compartidos, pero debe mantener como referencia los principios y las causas ciudadanas. Las alianzas tienen sentido cuando permiten avanzar en la transformación del país y responder a las necesidades de la población. En Tlaxcala, como en todo el país, el trabajo de nuestro movimiento debe conservar su vínculo con las comunidades. La organización no se fortalece únicamente con reuniones o decisiones de sus órganos directivos. También requiere escuchar a la militancia, mantener el diálogo con la sociedad y atender los problemas cotidianos de las familias. La transformación no es una tarea que concluya con una elección ni se sostiene solamente con triunfos electorales. Exige participación, organización y congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Por eso, quienes formamos parte de Morena tenemos la responsabilidad de mantenernos cerca de la gente y de demostrar que los principios del movimiento se reflejan en nuestra conducta pública. El camino hacia 2027 demanda madurez política. La unidad debe expresarse en el respeto a las decisiones adoptadas conforme a las reglas, en el cumplimiento de las responsabilidades y en la disposición para trabajar por objetivos comunes. También requiere reconocer que la militancia y la ciudadanía son parte fundamental de cualquier proyecto que aspire a mantener su legitimidad. Morena tiene una historia construida por muchas mujeres y hombres que dedicaron años a organizarse, participar y defender una transformación democrática del país. Honrar esa historia significa actuar con responsabilidad, cuidar la organización y no perder de vista que el centro de nuestra actividad política debe seguir siendo el bienestar del pueblo. Nuestra tarea es mantener los principios, fortalecer la organización y trabajar con la convicción de que la transformación se construye todos los días. La unidad adquiere verdadero sentido cuando se sostiene en el respeto, en reglas compartidas y en el compromiso de poner el interés colectivo por encima de cualquier aspiración individual.