Por Ángelo Gutiérrez Hernández
En México, por desgracia, hay más de 132 mil personas desaparecidas.
Esas no son cifras. No son simples números ni datos, son hijos que no volvieron, madres que no duermen, padres que siguen esperando una llamada que nunca llega. Solo quieren volver a ver a los suyos, pero Morena y sus gobiernos siguen en la omisión y niegan los hechos.
Hoy en nuestro país desaparecen más de 40 personas todos los días. Esas cifras son la prueba más brutal del fracaso del Estado mexicano bajo el gobierno de Morena.
Para dimensionar el tamaño de esa omisión hay que comparar. En el momento más crítico de la llamada guerra contra el narcotráfico, durante el gobierno de Felipe Calderón, la cifra era de siete desapariciones diarias.
Hoy es seis veces peor. Eso no es propaganda. Son datos oficiales que Morena se niega a aceptar. Y mientras esta tragedia crece, el gobierno hace lo único que parece saber hacer bien: negar la realidad.
Incluso se atrevieron a desacreditar al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, que recientemente advirtió que en México existen indicios fundados de desapariciones generalizadas.
La respuesta del gobierno fue tan reveladora como vergonzosa: calificaron el informe como “sesgado y tendencioso”, porque cuando los datos incomodan, Morena no corrige, para ellos es más fácil descalificar que atender el grave problema que vivimos.
Pero los números son obstinados. Hoy existen también 72 mil cuerpos sin identificar en el país. Número de mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes y hasta adultos mayores que permanecen sin nombre.
Son 72 mil familias a las que les hace falta alguien y no saben dónde están para llorarles. Y frente a esta tragedia nacional, quienes realmente están buscando a los desaparecidos no son las autoridades, sino las madres buscadoras, esas que son agredidas e invisibilizadas desde el gobierno.
Mujeres como Ceci Flores y miles más que, con picos, palas y un dolor imposible de imaginar, salen al desierto, a los montes o a los basureros a buscar a sus hijos. Ellas hacen el trabajo que el Estado abandonó.
Porque cuando una madre tiene que convertirse en investigadora, forense y rescatista, lo que existe no es un gobierno sino un vacío de autoridad.
Pero hay algo todavía más grave. El informe de la ONU señala que las desapariciones no solo ocurren por la acción del crimen organizado, sino también por la tolerancia, negligencia o incluso participación de autoridades.
Y los casos existen. Policías vinculados a proceso por desaparición forzada. Funcionarios que juraron proteger a la ciudadanía y terminaron participando en su desaparición. Ahí está la barredora, grupo criminal creado y que creció bajo el manto protector de Morena en Tabasco
Esto no lo dice el PAN. Lo dicen los jueces y ahora lo dice la ONU y lo más triste, lo reconocen las familias que siguen buscando a sus hijos. Lo verdaderamente indignante es que mientras las fosas clandestinas siguen apareciendo, el gobierno de Morena intenta desaparecer a los desaparecidos en el papel, maquillando cifras y cambiando metodologías.
Como si borrar un registro pudiera borrar una vida.
México no puede acostumbrarse a esto. No podemos normalizar que 40 personas desaparezcan todos los días. No podemos aceptar que el gobierno minimice la tragedia mientras miles de familias viven en un duelo interminable.
Porque cuando el Estado no busca, no investiga y no responde, la desaparición deja de ser solo un crimen, pues se convierte en impunidad institucionalizada.
México merece verdad, justicia y sobre todo, las familias que siguen buscando a sus hijos merecen algo que hoy el gobierno de Morena parece incapaz de ofrecer: responsabilidad.
Porque un país donde la gente desaparece todos los días no puede llamarse transformación, sino abandono y omisión de Morena.

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