La política municipal tiene una ley no escrita: los adversarios de hoy fueron los cómplices de ayer. Y el conflicto que estalló en Contla de Juan Cuamatzi entre el síndico Gilberto Flores Maldonado y el exalcalde Eddy Roldán Xolocotzi es un ejemplo de manual. Lo que comenzó como una estrategia de “blindaje patrimonial” terminó siendo una pelea por la posesión del mercado municipal, con acusaciones de corrupción, traición y una pregunta de fondo: ¿cómo es posible que un mismo Cabildo apruebe un comodato por 50 años y años después uno de sus miembros denuncie a otro por peculado?
Los hechos son conocidos. El síndico Gilberto Flores denunció ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción a Eddy Roldán y a los exintegrantes del Cabildo 2021-2024 por la presunta apropiación de un bien público. El instrumento legal bajo la lupa es un contrato de comodato que, según el gobierno actual, otorga al exalcalde —en su calidad de presidente del Consejo de Administración del mercado— una posesión de 50 años sobre un inmueble que es propiedad del municipio. Desde la perspectiva del denunciante, esto huele a peculado y ejercicio indebido del servicio público.
Pero la versión de Eddy Roldán y de 14 de los 17 exintegrantes de aquel Cabildo es radicalmente distinta. Para ellos, el comodato no fue un acto de corrupción, sino una medida de protección. Argumentan que el mercado municipal enfrentaba riesgos jurídicos reales, incluidos embargos derivados de laudos laborales de administraciones anteriores. La figura legal del comodato, aprobada por unanimidad —incluido el voto del propio Gilberto Flores, entonces regidor—, buscaba evitar la venta ilegal de locales o la injerencia de terceros con intereses económicos. En otras palabras: según los exfuncionarios, lo hicieron para que el mercado no se perdiera.
Aquí surge la primera contradicción insoslayable: si Gilberto Flores aprobó el acuerdo en su momento, ¿por qué ahora lo califica como un acto de corrupción? ¿Acaso no sabía lo que votaba? ¿O acaso el paso del tiempo le ha revelado una verdad que antes no veía? El exalcalde Roldán no tuvo reparo en llamarlo “Judas Iscariote de Contla”, una frase tan bíblica como cruel, pero que refleja el sentimiento de quienes se sienten “traicionados”.
El problema de fondo no es solo la disputa personal entre dos exaliados. Es la opacidad con la que suelen manejarse los bienes públicos en los municipios pequeños y grandes de nuestro país. ¿Es creíble que la única forma de proteger un mercado municipal de laudos laborales sea otorgar su posesión por medio siglo a un expresidente municipal? ¿No había mecanismos más transparentes, como fideicomisos públicos o resguardos administrativos? Un comodato a 50 años, incluso con fines de protección, es una cesión de facto de un bien público que debería estar bajo el control directo del Ayuntamiento, no de un consejo encabezado por el exalcalde.
Además, hay una lección recurrente en la política mexicana: el “blindaje patrimonial” es muchas veces la antesala del despojo legal. Se viste de tecnicismo lo que en el fondo es una apropiación. Y cuando los tiempos políticos cambian, los mismos que pusieron el candado aparecen exigiendo que se rompa.
Ahora el caso está en manos de la Fiscalía Anticorrupción. Ojalá que esta instancia, tan desprestigiada en muchos estados por su lentitud y parcialidad, logre determinar si hubo dolo o simplemente mala praxis administrativa. Pero más allá de la resolución legal, queda una herida política en Contla: la desconfianza entre quienes gobernaron juntos y hoy se acusan mutuamente. Y lo más grave: la ciudadanía, que observa cómo los bienes que son suyos —el mercado donde compran sus alimentos— se convierten en el botín de una guerra entre excompañeros.
El comodato de Contla debería servir como espejo para otros municipios. Porque mientras los políticos pelean por la posesión, los mercados se vacían de confianza y se llenan de sospechas. Al final, el pueblo no sabe si aplaudir al “Judas” o al “blindado”. Lo único claro es que en esta historia, los únicos que pierden son los ciudadanos, se lo digo así, sin maquillaje, ni retoques.