Omar G. Tlachi | Al apagar la pantalla, la realidad nos espera de golpe. Mientras el ciudadano de a pie vive al día, la clase política sigue operando bajo sus propias reglas, recordándonos que en este país el poder y el privilegio siguen siendo los mejores escudos contra la ley.

​Los de abajo y la verdadera presión: El lamentable caso de Orlando Maciel, el policía municipal de León que se quitó la vida a causa de la depresión, es el rostro más doloroso del abandono. Quienes cargan con la responsabilidad de cuidarnos todos los días se enfrentan a un desgaste emocional brutal, jornadas inhumanas y una total falta de apoyo psicológico institucional. Mientras a los de abajo se les exige dar la vida sin red de protección, en las altas esferas las preocupaciones son de una naturaleza muy distinta y sumamente privilegiada.

​La justicia VIP de los 80: Allá en el norte, las filtraciones de audio de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, se están volviendo más virales que los éxitos del momento. Pero lo verdaderamente preocupante no es la grabación en sí, sino el blindaje oficial. La inmediata reacción de la presidencia y de Omar García Harfuch, minimizando el asunto bajo el argumento de que «no se sabe con quién habla» para evitar cualquier investigación, deja un amargo sabor a impunidad. Es la vieja fórmula de proteger a la cúpula para evitar que el agua salpique más arriba. Vivimos en una preocupante regresión donde la justicia parece reservada únicamente para quienes ostentan el poder y el dinero, idéntico a lo que padecíamos hace cuarenta años.

​La hipocresía histórica de la 4T: Este domingo se juega la gran final del Mundial entre España y Argentina, un partido que nos pone en un dilema sumamente incómodo. Por un lado, tenemos los desplantes y declaraciones de los argentinos en contra del pueblo mexicano. Por el otro, nos topamos con el absurdo berrinche histórico de la 4T. Al régimen oficialista le dolería en el alma ver que los mexicanos apoyen a España, todo porque se han empecinado en exigir un perdón público por las atrocidades de la Conquista de hace cinco siglos. Una tontería y una soberana estupidez de narrativa soberanista que sólo sirve para distraer la atención de los verdaderos problemas de hoy. Es más fácil exigirle disculpas a la Corona Española que resolver el desastre nacional actual.

​El gran trampolín tlaxcalteca: En Tlaxcala, la aplicación de este manual político es una copia exacta de la impunidad. Alonso Trujillo Domínguez acaba de dejar la dirección del Colegio de Bachilleres (Cobat) para ser ungido como el nuevo titular de la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE), una de las dependencias que maneja la mayor parte del presupuesto estatal, compitiendo de cerca con las carteras de asistencia social. Lo asombroso es que este encargo le llega tras meses de intensas críticas en medios de comunicación que señalaban presuntos desvíos y el uso de recursos públicos para respaldar abiertamente proyectos políticos locales. Lejos de una amonestación, el sistema premia y promueve.

​La legión extranjera y los hilos del vecino: Detrás de estos movimientos de ajedrez se percibe la sombra de operadores como Víctor Cánovas, cuya historia de influencia política y fortunas inexplicables se remonta a gobiernos anteriores. Lo que llama poderosamente la atención es la profunda dependencia de la actual administración local hacia personajes importados de Puebla. Es el caso de Javier Marroquín, secretario de Desarrollo Económico, de origen poblano, quien recientemente salió a declarar que su gestión ha hecho más por el estado que la de cualquier tlaxcalteca en su posición. Tales afirmaciones ocurren justo cuando crecen los señalamientos sobre la velocidad con la que ciertos funcionarios acumulan un patrimonio notable desde que asumieron el cargo público.

​El Inoportuno dice: La indignación ciudadana crece cuando se compara el desamparo de un policía con los privilegios de una gobernadora, o cuando el desvío señalado se convierte en la carta de recomendación para manejar la educación del estado. Mientras la política oficial prefiera distraernos con debates inútiles sobre la Conquista y los compromisos con la política vecina sigan pesando más que el bienestar de los tlaxcaltecas, el discurso del cambio seguirá siendo solo eso: palabras en el aire. Cuiden sus bolsillos y abran bien los ojos, porque las decisiones se siguen tomando a puerta cerrada y con las mismas viejas mañas.

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