Dra. Elsa Martínez Flores

Meta acaba de recibir una de las mayores llamadas de atención de su historia: casi 17 mil millones de dólares y cambios profundos en la manera en que los adolescentes usan Facebook e Instagram en Estados Unidos.

Mark Zuckerberg no solo aceptó nuevas restricciones para los adolescentes en Facebook e Instagram; también hizo un llamado directo a TikTok y YouTube para que adopten medidas similares.

En una carta abierta, planteó que las tres plataformas deberían poner límites al tiempo de uso, especialmente durante la noche, para evitar que los menores de edad simplemente abandonen una aplicación y se vayan a otra para seguir conectados.

Meta propone un límite diario de dos horas de uso acumulado, bloqueo automático entre la medianoche y las seis de la mañana, menos notificaciones durante el horario escolar y la prohibición de filtros que imiten cirugías estéticas.

Es importante precisar algo: el acuerdo aplica únicamente a los adolescentes de los estados firmantes y no crea ningún precedente fuera de Estados Unidos, así que estas medidas no llegan de forma automática a México ni al resto del mundo.

Desde una mirada sociológica, aquí hay algo más que una empresa que paga una cantidad millonaria, también busca que sus competidores modifiquen sus plataformas para que la responsabilidad no recaiga únicamente sobre su compañía.

Intenta convertir las restricciones en una regla compartida: si todos ponen límites, ninguna plataforma pierde usuarios por proteger a los menores. Pero fuera de Estados Unidos surge la pregunta: si estas medidas son necesarias, ¿por qué no aplicarlas también en México y otros países?

El algoritmo es global, pero la protección depende todavía de las leyes y de la capacidad de cada sociedad para exigir responsabilidades. En Estados Unidos hubo denuncias, investigaciones y procesos judiciales que llevaron a Meta a negociar estas modificaciones; fuera de ese territorio, las mismas reglas no se activan automáticamente.

Y ahí aparece otra paradoja: ¿tendrán que esperar otros países a que existan denuncias similares para que Meta aplique las mismas medidas que ya aceptó en Estados Unidos? la discusión deja de ser solamente cuánto pagará Meta y pasa a ser por qué la protección tendría que depender de que una sociedad llegue primero a los tribunales para obtenerla.

Porque mientras en Estados Unidos Meta modifica sus reglas, en otros países sus plataformas seguirán compitiendo por la atención de los adolescentes bajo el mismo modelo de scroll, recomendaciones y notificaciones.

Y aquí sí hay una responsabilidad que no puede diluirse: si Meta sabe qué mecanismos pueden hacer más segura su plataforma para los menores, ¿por qué esperar a que otro país la demande para aplicarlos?

La pregunta para Zuckerberg es inevitable: si los límites protegen a los adolescentes estadounidenses, ¿por qué no proteger de la misma manera a los jóvenes del resto del mundo? La tecnología es la misma; lo que cambia parece ser el costo que Meta está dispuesta a asumir para modificarla.

 

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