Morena sigue siendo la primera fuerza política de Tlaxcala. Los números así lo dicen. Pero también los números están comenzando a advertir algo que pocos dentro del partido parecen querer escuchar: el mayor riesgo para Morena ya no está en la oposición, sino en Morena mismo. Sus demonios empiezan a crecer día con día.
Mientras Alfonso Sánchez García y Ana Lilia Rivera protagonizan una auténtica guerra de encuestas, bardas, estructuras y narrativas, debajo de esa batalla se mueve una corriente silenciosa que podría terminar alterando la elección de 2027.
Las gráficas de la empresa local Impulso Mercadológico son particularmente reveladoras.
Morena mantiene el liderazgo en intención de voto con 35.3%, muy por encima del PAN (14.4%) y del PRI (12.9%). A simple vista parecería una posición cómoda. Sin embargo, la fotografía completa cuenta una historia distinta.
Primero, Morena ha perdido una parte importante de su base de identificación partidista. En septiembre de 2024, el partido registraba 45.4% de identificación ciudadana; hoy se encuentra en 28.9%. Es una caída de más de 16 puntos.
Segundo, el rechazo hacia Morena crece. La animadversión contra el partido pasó de 3.5% a 15% en menos de dos años. Sigue lejos del rechazo histórico que arrastra el PRI (37.2%), pero la tendencia es ascendente y consistente.
Tercero, y quizás más importante, la sociedad comienza a buscar alternativas.
El dato más inquietante para Morena no es que el PAN haya alcanzado su máximo histórico con 14.4%, ni que Movimiento Ciudadano ronde el 7.7%. El dato verdaderamente relevante es otro: 39% de los tlaxcaltecas no se identifica con ningún partido político.
Es decir, existe una enorme bolsa de electores disponibles para quien logre conectar con el desencanto ciudadano.
Y ahí es donde la guerra interna empieza a convertirse en un problema.
Porque mientras Alfonso y Ana Lilia se disputan cada encuesta como si fuera la elección definitiva, el desgaste político se acumula.
Las bardas responden a bardas: las de Ana Lilia, Alfonso y Dulce Silva. El monólogo es el mismo: “No son mías, no sé quién las puso”, como si pensaran que los electores somos ingenuos.
Las filtraciones responden a filtraciones. Los grupos a los grupos. Y los simpatizantes de ambos bandos han llevado la confrontación a niveles que recuerdan más una elección constitucional que una competencia interna.
La pregunta es inevitable: ¿Qué pasará el día después de la encuesta?
Si gana Ana Lilia, ¿cerrarán filas los grupos que hoy impulsan a Alfonso? Si gana Alfonso, ¿se sumarán sin reservas quienes respaldan a Ana Lilia?
Las señales actuales no invitan al optimismo.
Por eso han comenzado a surgir voces que hablan de una tercera alternativa dentro de Morena. No necesariamente porque Alfonso o Ana Lilia sean perfiles débiles, sino porque la confrontación entre ambos parece estar generando heridas cada vez más profundas y se pueden convertir en el Caballo de Troya.
La tesis no es menor. Si la encuesta termina resolviendo quién gana, pero no quién une, Morena podría llegar fortalecido en números y debilitado en cohesión.
Y en política las divisiones suelen tener costos.
La historia electoral de Tlaxcala está llena de ejemplos donde partidos aparentemente invencibles terminaron perdiendo porque sus grupos internos decidieron no acompañar al ganador. Ahí Joaquín Cisneros en 1998 y Mariano González Zarur en 2004 con un PRI entonces fuerte.
Por ahora Morena conserva la ventaja. Pero también enfrenta una paradoja.
Las mismas encuestas que muestran su fortaleza electoral exhiben señales de desgaste, crecimiento del rechazo ciudadano y una demanda creciente por opciones distintas.
Y en ocasiones, las guerras internas dejan más heridos que las externas.
La pregunta ya no es quién va ganando la guerra de encuestas. La pregunta es quién será capaz de sobrevivir políticamente a ella.
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LA CAMINERA… La prueba de fuego de Ana Lilia. La convocatoria ya está lanzada y el próximo 21 de junio la senadora Ana Lilia Rivera tendrá una de las pruebas políticas más importantes de la precampaña no declarada rumbo a 2027: demostrar capacidad de movilización y exhibir el músculo real de su estructura en Tlaxcala.
La llamada “Mega-Concentración en Defensa del Pueblo Tlaxcalteca” no sólo será un evento político. Será una fotografía del tamaño de su fuerza, de los liderazgos que siguen alineados con su proyecto y de los actores nacionales que están dispuestos a respaldarla en la disputa interna de Morena.
Por lo pronto, ya confirmó su asistencia el senador Gerardo Fernández Noroña, uno de los personajes más visibles de la llamada Cuarta Transformación, considerado por muchos como un auténtico “ave de tempestades” de la política nacional. No es un detalle menor: Noroña fue uno de los primeros liderazgos nacionales que públicamente impulsó y respaldó las aspiraciones de Ana Lilia para la gubernatura.
La incógnita ahora no es si habrá discurso, sino quiénes aparecerán en la fotografía. En una Morena dividida entre los grupos que impulsan a Alfonso Sánchez García y los que respaldan a Ana Lilia Rivera, cada silla ocupada, cada alcalde presente y cada operador territorial que se deje ver contará como un mensaje político.
Porque en tiempos de guerra de encuestas, las concentraciones también se convierten en encuestas… pero de carne y hueso. Y el domingo, Ana Lilia buscará demostrar que detrás de los números también hay estructura, movilización y respaldo político. El tamaño de la concentración podría convertirse en el primer gran dato rumbo a la definición de la candidatura morenista de 2027.
Y hablando de Alfonso, ¿quién pompó el carrusel de medios nacionales, en donde una entrevista no cuesta cinco pesos?
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS… Resultó interesante escuchar en Caballo de Troya a tres mujeres que hoy aparecen como perfiles con posibilidades reales de aparecer en la boleta para la elección de la gubernatura de Tlaxcala en 2027: Anabell Ávalos por el PRI, Miriam Martínez por el PAN y Mariana Jiménez por Movimiento Ciudadano.
El tema fue la seguridad pública y, como era previsible, las tres coincidieron en cuestionar la narrativa oficial que presume a Tlaxcala como el estado más seguro del país. Desapariciones, homicidios, robos y la percepción ciudadana fueron parte de una discusión que terminó por sacudir los argumentos del gobierno morenista.
Lo curioso es que mientras la oposición debate cifras, resultados y problemas, Morena parece cada vez menos interesado en confrontar públicamente esos datos. Prefiere los eventos donde pasean a sus alcaldes y funcionarios.
En política, debatir implica riesgos. Pero también permite defender resultados. La pregunta es si Morena está tan seguro de sus números como para ponerlos sobre la mesa o si seguirá apostando a que la popularidad del movimiento alcance para evitar la discusión en los medios. Al tiempo.