Si con los resultados electorales del pasado 2 de junio el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dio a un paso a su cadalso, con la reforma a mano alzada de sus estatutos partidistas realizada este fin de semana durante su Asamblea Nacional Extraordinaria, confirmó su próxima muerte política.
La dirigencia nacional con los peores resultados electorales de su historia, fue premiada con la reelección. Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas se confimó como el dueño de un partido político venido a menos y que lo estará todavía más conforme pasen los meses y la sangría de militantes se convierta en todo una herida sangrante.
La Asamblea Nacional del PRI aprobó, por mayoría y a mano alzada, las reformas a sus estatutos que permiten la posibilidad de la reelección de su actual dirigente, Alejandro Moreno Cárdenas, para el periodo 2024-2027. Incluso, la posibilidad de quedarse en el cargo hasta el año 2032.
La dirigencia estatal priista, encabezada ahora mismo por Ernesto García Sarmiento, declaró su negativa a la reelección. No era de extrañarse esa posición, considerando que un día antes Beatriz Paredes Rangel había mostrado su abierto rechazo, junto con otros priistas destacados como Manlio Favio Beltrones, Dulce María Sauri y Francisco Labastida Ochoa.
Con la de este domingo, Paredes Rangel recibe de Alejandro Moreno Cárdenas otra dura bofetada. La primera fue cuando en un albazo levantó la mano de Xóchitl Gálvez como futura candidata presidencial de la coalición Fuerza y Corazón por México conformada por el PAN, PRI y PRD.
La tlaxcalteca tenía altas posibilidades de ser la abanderada de esa alianza a la Presidencia de la República si es que ésta se hubiera definido a través del voto abierto ciudadano, sin embargo, no se llegó a esa instancia, precisamente por la actitud del dirigente priísta.
¿Qué viene ahora? Tendría que venir la interposición de una impugnación ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial (TEPJF) para echar abajo la reforma estatutaria e impedir la eternización de Alejandro Moreno. Que se haya hecho cuando aún no concluye el proceso electoral, es un argumento que podría utilizarse.
El problema al que se enfrentarán muchas y muchos priistas, sin embargo, es al temor y a la ambigüedad de quienes están inconformes con la determinación de la Asamblea, pero que no se atreven a actuar, ni siquiera a externar su desacuerdo. La actitud huidiza de Ernesto García Sarmiento para hablar sobre el tema es un ejemplo claro de ello. Seguramente no será el único que tenga temor a expresarse.
Lo cierto es que el espaldarazo de la Asamblea a Alejandro Moreno es un fuerte revés al partido, a la militancia y a la misma sociedad que exige partidos de oposición fuertes ante el vendaval de reformas constitucionales que se avecinan. No sólo es cambiar el método de integración del Poder Judicial de la Federación, sino desaparecer órganos autónomos que, en la mayoría de los casos, han mostrado su eficacia de contrapeso a varias decisiones provenientes de Palacio Nacional.
Ante una posible oposición de la dirigencia estatal a la reelección de “Alito” Moreno, siguiendo la misma línea opositora de la ex gobernadora y también senadora Beatriz Paredes Rangel, lo que podría venir es el cambio de dirigencia estatal.
Para Moreno Cárdenas no será sencillo imponer dirigencia a modo, pero si lo lograra, únicamente sería para ahondar en la crisis del partido ante futuras renuncias por inconformidad.
No cabe duda, el PRI en su laberinto, no atina cómo salir de su crisis interna. Sin Salir de una ha entrado a otra que pudiera significar el inicio de un adiós que, ahora sí, se ve más cerca que otras ocasiones. No vaya a ser que el tricolor se vea en el mismo espejo en el que ahora mismo se observa el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ya es solo eso lo que falta.