Mariana LOVERA// La mañana se volvió silencio en la Universidad del Altiplano. Entre pasillos que ella misma imaginó y aulas que ayudó a levantar desde los cimientos, Susana Fernández Ordóñez recibió el último homenaje de su comunidad: alumnos, exalumnos, periodistas, docentes, familiares y amigos que llegaron no solo a despedirla, sino a agradecerle.

El homenaje de cuerpo presente se realizó en la universidad que fundó y vio crecer, esa que durante décadas fue semillero de periodistas y comunicadores que hoy ejercen con carácter, criterio y voz propia. Ahí, donde tantas veces exigió disciplina y defendió la verdad, hoy fue el respeto el que llenó el espacio.

Las palabras no faltaron, América Montoya,      Víctor Loranca y el decano Mario Sandoval tomaron el micrófono. En discursos hablaron de la rectora firme, de la periodista crítica, de la maestra incómoda que no toleraba la mediocridad. Pero, sobre todo, se habló de la mujer que abrió camino cuando el camino no estaba hecho, que rompió techos y silencios, y que enseñó a pensar con libertad.

El momento más íntimo llegó con los mariachis. “A mi manera” resonó en el recinto y no hubo mejor elección. Porque Susana Fernández vivió así: sin pedir permiso, sin ajustarse a moldes, sin bajar la voz. Todo lo hizo a su manera.

No fue una despedida común. Fue un acto de memoria. Porque, aunque hoy su ausencia pesa, su presencia permanece: en cada alumno formado, en cada texto escrito con ética, en cada conciencia crítica que ayudó a despertar.

Susana Fernández no se fue del todo. La esencia de la mujer para la que la palabra “imposible” solo podía ser parte del diccionario de los tontos, se queda en sus aulas, en sus pasillos y en la historia del periodismo tlaxcalteca. Y ahí seguirá, invicta, como vivió: a su manera.