- El exgobernador regresó por última vez a Palacio de Gobierno, el mismo recinto desde el que condujo la primera alternancia política de Tlaxcala. Entre coronas de flores, lágrimas y las canciones “A mi manera” y “El Rey”, familiares, amigos, autoridades y ciudadanos le dieron el último adiós.
Mariana LOVERA // Alfonso Sánchez Anaya volvió este martes a Palacio de Gobierno. Esta vez no llegó para encabezar una audiencia pública, tomar decisiones o escuchar las necesidades de los tlaxcaltecas. Regresó para despedirse del pueblo al que dedicó buena parte de su vida.
El Patio Central del recinto que ocupó como gobernador de 1999 a 2005 se llenó de coronas de flores, recuerdos, abrazos y silencios. Frente a su féretro desfilaron familiares, antiguos colaboradores, ex gobernadores, amistades, representantes de los poderes públicos y ciudadanos que acudieron para agradecerle, por última vez, los años entregados al servicio de Tlaxcala.
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros encabezó el homenaje luctuoso de cuerpo presente, al que asistieron María del Carmen Ramírez, esposa del exgobernador; sus hijos, entre ellos el alcalde con licencia de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, acompañado de su esposa, Marcela González; así como sus nietos. También estuvieron presentes el exgobernador Mariano González Zarur; diputadas y diputados de la LXV Legislatura del Congreso del Estado; magistradas, magistrados, juezas y jueces; presidentas y presidentes municipales; integrantes del gabinete legal y ampliado, además de familiares, amistades y antiguos colaboradores del exmandatario.

En el lugar donde alguna vez ejerció el poder, Alfonso Sánchez Anaya fue recordado como un hombre cercano, alegre, sencillo y profundamente humano. No solamente como el gobernador que hizo historia al encabezar la primera alternancia política en la entidad, sino como el servidor público que convirtió la escucha y el contacto con la gente en una forma de gobernar.
La senadora Amalia Dolores García Medina, amiga cercana del exgobernador, reconoció que nunca imaginó tener que acudir a despedirlo.
“A un amigo uno no espera llegar a despedirlo”, expresó con dolor al recordar las conversaciones, los consejos, la risa y las innumerables anécdotas que compartió con Sánchez Anaya.
Durante su intervención, destacó que la trayectoria de Alfonso no debía medirse únicamente por los cargos que ocupó, sino por las vidas que transformó y por la manera en que ejerció cada responsabilidad.
“Hay personas sobre las cuales su vida se mide por lo que hicieron, por cómo transformaron la vida de tanta gente y por cómo, cuando tuvieron la oportunidad de servir, lo hicieron con dedicación, compromiso y cariño”, señaló.
Amalia García recordó que, después de concluir sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México, Alfonso Sánchez Anaya regresó a Tlaxcala para trabajar cerca de las mujeres y los hombres del campo. Esa experiencia, relató, marcó profundamente su visión política y su vocación de servicio.
También evocó las audiencias públicas realizadas durante su administración, en las que atendió personalmente a más de 80 mil personas. Para él, dijo, escuchar no era un acto protocolario, sino una forma de ejercer el gobierno.
Recordó además la creación y fortalecimiento de instituciones, los proyectos de infraestructura, las políticas de salud y educación, la participación de las mujeres en puestos de responsabilidad y el impulso económico que permitió colocar a Tlaxcala entre los estados con mayor crecimiento del país.
Pero, por encima de cifras, obras y responsabilidades, Amalia García despidió al amigo.
“Cuando un amigo se va, aunque tengamos tantas y tantos amigos, su lugar es irreemplazable. Nadie puede llenar ese lugar”, expresó antes de señalar que Alfonso Sánchez Anaya permanecerá junto a su pueblo y en el corazón de quienes compartieron su camino.
“El cariño de la gente permanece”
Uno de los momentos más emotivos llegó con el mensaje de su hijo, Alfonso Sánchez García, quien habló desde el amor, la gratitud y el orgullo por el legado de su padre.
“Para mí, antes que cualquier cargo, fue mi padre; el hombre que me enseñó que el mayor privilegio que puede tener una persona es servir a los demás con honestidad, con convicción y con un profundo amor por esta tierra”, expresó.
Recordó que su padre estaba convencido de que la política solamente cobra sentido cuando se ejerce cerca del pueblo, escuchando, acompañando y sirviendo con humildad.
“Mi padre me enseñó que un encargo termina y que el cariño de la gente permanece”, afirmó.

Contó que, después de concluir su responsabilidad como gobernador, uno de los mayores deseos de Sánchez Anaya era caminar tranquilamente por Tlaxcala, tomar un café, acudir a la plaza y encontrarse con personas que le agradecieran alguna acción que hubiera ayudado a sus familias.
Esos encuentros, explicó, eran su verdadera recompensa, porque entendía que el legado no se encontraba en el poder, sino en el bien dejado en la vida de los demás.
“Quien transforma la vida de una persona nunca se va del todo; permanece para siempre en su memoria, en su gratitud y en su corazón”, manifestó.
Con la voz marcada por la despedida, aseguró que el ejemplo de su padre continuará guiando a su familia, a quienes compartieron sus ideales y a las nuevas generaciones que encuentren en el servicio público una oportunidad para transformar la realidad.
“Tu misión fue cumplida, tu legado permanece y tu luz seguirá guiando nuestros pasos por siempre”, concluyó.

“Puede irse tranquilo”
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros afirmó que Tlaxcala despedía a uno de sus hombres más queridos y reconocidos, cuya vida quedó ligada para siempre a la historia política y social de la entidad.
“Hoy despedimos a un hombre que forma parte de la historia de Tlaxcala y que hizo del servicio público la razón de su vida; un hombre cercano, sencillo y profundamente humano”, expresó.
La mandataria destacó que Sánchez Anaya dejó una forma cercana de ejercer el poder, basada en escuchar a la ciudadanía y atender las historias, consejos y peticiones de quienes se acercaban a él.
Recordó su sentido del humor, su capacidad para conservar afectos y los refranes que utilizaba para transmitir los valores que guiaron su vida, entre ellos: “Es de bien nacidos ser agradecidos”.
Cuéllar Cisneros sostuvo que muchas de las instituciones y obras impulsadas durante su administración continúan sirviendo a los tlaxcaltecas, por lo que consideró innegable que fue uno de los mejores gobernadores en la historia del estado.

“Su mayor satisfacción fue servir a Tlaxcala y ese espíritu permanece como una enseñanza para quienes creemos, como él, que el poder encuentra su verdadero sentido cuando se pone al servicio de los demás”, manifestó.
Antes de pedir un minuto de aplausos, la gobernadora dirigió un último mensaje al exmandatario:
“Puede irse tranquilo. Cumplió como tlaxcalteca, cumplió como padre de familia y como servidor público a favor de nuestro estado. Puede ya recostarse en la historia de la cuna de la nación y de nuestra patria”.
Entonces el Patio Central de Palacio de Gobierno dejó atrás el silencio. Las autoridades, familiares, amigos y ciudadanos se pusieron de pie y ofrecieron un prolongado aplauso. No fue únicamente un gesto protocolario: fue el reconocimiento colectivo a una vida que dejó huella en Tlaxcala.
“A mi manera” y “El Rey” para despedirlo
Al terminar la ceremonia, y después de montar las guardias de honor, el féretro abandonó Palacio de Gobierno acompañado por aplausos, porras y lágrimas.
Afuera, los mariachis esperaban para regalarle una última serenata. Las notas de “A mi manera” comenzaron a escucharse mientras familiares, amigos y ciudadanos rodeaban el cortejo. Después llegó “El Rey”, entre voces entrecortadas, manos levantadas y rostros cubiertos por el llanto.
Alfonso Sánchez Anaya salió por última vez del Palacio de Gobierno que conquistó políticamente en 1998 y desde el que encabezó, a partir de enero de 1999, una nueva etapa para Tlaxcala.
No hubo discursos capaces de contener completamente la tristeza. Las canciones, los aplausos y las porras dijeron lo que las palabras ya no podían expresar.
Posteriormente, el féretro fue trasladado al templo de San José, donde familiares, amistades y ciudadanos participaron en una emotiva misa para encomendar su descanso y acompañar a sus seres queridos.
Así, entre flores, música y gratitud, Tlaxcala despidió al gobernador de la alternancia, al amigo, al padre y al servidor público.
Alfonso Sánchez Anaya se fue entre aplausos, como se despide a quienes dejaron una parte de su vida en la historia de su pueblo. Su féretro abandonó Palacio de Gobierno, pero su nombre, su ejemplo y su legado permanecerán en Tlaxcala.

