Omar G. Tlachi | Después de 22 años operando crisis, organizando eventos para gobernadores y especializándome en mercadotecnia política, uno desarrolla un olfato especial para detectar el aroma a «control de daños» desesperado. No es magia, es técnica: cuando la realidad te explota en la cara, inventas un enemigo externo para que la gente mire hacia otro lado.

​Hoy, el manual de Morena está en su capítulo más cómico: el victimismo patriótico. Ante el «pequeño detalle» de que Estados Unidos señala al gobernador Rocha Moya y a otros funcionarios por nexos con el narco, la orden es gritar «¡Intervencionismo!» a todo pulmón. Es una estrategia brillante para el mercado del resentimiento; nada como envolverse en la bandera nacional para tapar las manchas de lodo.

​Lo que me fascina es la memoria selectiva de esta administración. ¿Se acuerdan cuando celebraban las acusaciones contra García Luna como si fueran el Evangelio? Ahí la justicia gringa era heroica y pura. Pero hoy, cuando los señalados visten de guinda, los gringos son los villanos imperiales. ¡Vaya flexibilidad moral! No entregar a los implicados NO es defender la soberanía, es ponerle un «Escudo Nacional» a la impunidad. Y mientras aquí juegan al nacionalismo de cartón, Donald Trump ya avisó que vendrá por los cárteles y todos los involucrados con o sin permiso.

Avisados están: el orgullo sale caro cuando se usa para encubrir.

En nuestra Tlaxcala, el guion es igual de cínico. Mientras el Secretario de Seguridad jura y perjura que aquí no operan cárteles —seguramente las mantas con amenazas que aparecen son solo «mensajes de amistad» malinterpretados—, yo me pregunto: ¿Cuánto falta para que veamos alguna visa tlaxcalteca cancelada en las noticias? Como experto en crisis, les doy un consejo gratis: el lodo que salpica desde Sinaloa vuela lejos y podría enterrar las ilusiones del 2027. El intervencionismo no se evita con discursos de izquierda de los años 70; se evita trabajando, limpiando la casa y dejando de ser comparsa del crimen. Pero claro, pedirles que hagan su trabajo y metan a la cárcel a los suyos es, probablemente, ser demasiado inoportuno.

Postdata necesaria: No puedo cerrar esta columna sin expresar mi total solidaridad con Omar Corte, Presidente la asociación Nunca dejes de brillar. En un estado que presume transformación, los actos de homofobia que sufrió recientemente son una señal de lo mucho que nos falta como sociedad. El odio no tiene cabida en una Tlaxcala que aspire a la justicia; mi respaldo total a mi tocayo en su lucha por la dignidad y el respeto.

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