La negativa del amparo al exalcalde capitalino Jorge Alfredo N. no es apenas una victoria temporal de la Fiscalía Anticorrupción. Es, sobre todo, una radiografía descarnada de las entrañas del poder morenista en Tlaxcala: un lugar donde la justicia se dosifica según el calendario electoral y la lealtad al proyecto en turno.

La jueza Stefany Pérez Bustamante —cuya carrera, vale recordarlo, recibió un empujón directo desde el despacho de la gobernadora Lorena Cuéllar— fue contundente: existe riesgo de fuga. Alega que el exedil tiene pasaporte vigente, ha viajado al extranjero y enfrenta una condena potencial de hasta 21 años de prisión. En frío, el razonamiento jurídico se sostiene. Pero visto desde la trinchera política, el fallo huele más a guion escrito en el cuarto de guerra de Palacio de Gobierno que a una convicción judicial autónoma.

Recordemos la premisa que circula en los pasillos del poder: el expediente contra el ex edil resurgió para apuntalar las aspiraciones del actual alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García. La idea, se dice, era mostrar mano firme contra la corrupción interna. El objetivo: que los ciudadanos crean que es Sánchez García —el delfín— el candidato ideal para suceder a Cuéllar en 2027, porque no le temblaría la mano ni siquiera para castigar a sus propios correligionarios.

En un reciente foro organizado por la UPTLAX, el propio Sánchez García presumió cifras: hasta ese momento, su administración había presentado cuatro denuncias contra servidores públicos de la gestión anterior. “Tenemos una por cerca de 40 millones de pesos de pasivos; otra por 22 millones de pesos por un adeudo de pensiones civiles; otra por 9 millones de pesos por no pagar el impuesto sobre la renta al SAT; y otra por 6 millones de pesos por no pagar el impuesto sobre nóminas a la Secretaría de Finanzas”, detalló. En entrevista, evitó nombres, pero apuntó directamente a “autoridades de la pasada administración morenista”. El mensaje quedó claro.

Sin embargo, la estrategia se torció al inicio. El ex presidente municipal fue más veloz que sus perseguidores, se adelantó y se blindó con un amparo. Ahora que ese blindaje se ha roto —aunque provisionalmente, pues la revisión ante un Colegiado aún podría revertirlo—, la pregunta obligada resuena en cada municipio: ¿qué otros alcaldes seguirán?

La respuesta es escalofriante para cualquier funcionario municipal que haya desviado un peso sin el bendito aval de arriba. En Tlaxcala, la orden de aprehensión se ha convertido en un arma de doble filo: se activa contra el aliado incómodo, pero se guarda bajo llave cuando el investigado es leal al proyecto. Si el ex alcalde —quien llegó con el respaldo de Cuéllar— está hoy en la mira, ¿qué impide que mañana el próximo sea cualquier otro presidente municipal que ose disentir o, peor aún, que apoye a un candidato distinto en la sucesión?

¿A quién beneficia esta persecución?

En el corto plazo, la respuesta es obvia: a Alfonso Sánchez García. Mantener a Corichi en la picota mediática desvía la atención de su propia gestión y lo reviste como el “auditor implacable”. Pero en el mediano plazo, el gran beneficiario es quien consiga encarcelar a un exalcalde de peso. Y desde luego, la gobernadora, que necesita mostrar resultados en su lucha contra la corrupción, aunque sea a costa de sacrificar a uno de los suyos.

Sin embargo, el péndulo podría regresar con violencia. Los lorenistas que hoy celebran este fallo harían bien en leer la letra pequeña de la historia. Si el delfín Sánchez García no logra ser ungido como abanderado de Morena para 2027 —algo que está lejos de estar garantizado—, entonces la persecución contra el exedil no será vista como un acto de justicia, sino como un ajuste de cuentas preventivo.

No vaya a ser que los perseguidores de hoy se conviertan en los perseguidos de mañana. Porque en Tlaxcala, como en el resto del país, el verdadero riesgo de fuga no siempre es geográfico: es político. Huir del favor de la gobernadora es un delito que sí se castiga con todo el peso de la ley. Bien lo sabe el exalcalde. Y muy pronto lo sabrán quienes hoy aplauden su caída, se lo digo así, sin maquillaje ni retoques.

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