El Verde no camina con el delfín.
En política, cuando el mensaje es “manténganse al margen”, en realidad significa “aléjense del fuego”. En Tlaxcala, el Partido Verde Ecologista de México acaba de enviar una orden clara, seca y sin adornos: no ir con Alfonso.
La instrucción fue confirmada en corto por alcaldes ecologistas: mantenerse al margen y no acompañar al alcalde capitalino Alfonso Sánchez García. Y para que no quede duda, no se trata de rumor ni de chisme de pasillo. Es un documento público, firmado y circulado desde la dirigencia estatal del PVEM. La línea es directa: militantes, operadores, alcaldes y servidores públicos verdes deben abstenerse de participar en cualquier proceso interno de Morena o del PT, incluyendo bardas, mensajes, reuniones y gestos de apoyo. Traducción política: no se muevan, no se retraten, no se comprometan.
El pretexto es técnico: no hay proceso electoral local en curso. El fondo, sin embargo, es profundamente político.
Mientras a nivel nacional el Verde reafirma su alianza con Morena y el PT bajo el mando de Karen Castrejón y con el objetivo de respaldar el proyecto de Claudia Sheinbaum, en Tlaxcala el partido marca territorio.
No habrá acompañamientos locales automáticos ni cheque en blanco para nadie. Mucho menos para el delfín adelantado del poder estatal.
La ausencia de ediles en los actos públicos de la Asociación Estatal de Alcaldes creada exprofeso para el edil capitalino manda mensajes claros: no todo camina bien. San Pablo del Monte, Huamantla, Xaltocan, Españita, Tetlanohcan, Xaloztoc. Todos callados. Todos lejos. Todos obedeciendo la misma consigna.
Alfonso Sánchez García, quien disputa con la senadora Ana Lilia Rivera, Óscar Flores y Luis Vargas la candidatura morenista a la gubernatura de 2027, carga con dos problemas serios: la percepción de imposición y el desgaste del grupo en el poder.
El distanciamiento del PVEM no es ruptura, pero sí aviso preventivo. El Verde es pragmático, sí, pero no ingenuo. Apuesta solo cuando ve garantías reales de poder, cumplimiento de acuerdos y viabilidad electoral. Hoy, al parecer, no las ve claras.
Por eso congela, espera, observa. Porque también sabe que Morena aún podría parir otra candidatura: Ana Lilia Rivera, Óscar Flores Jiménez o Luis Vargas González. Mantenerse al margen es, en este momento, la jugada más inteligente según quienes mandan en el Verde.
Para Morena, la ausencia del Verde duele más de lo que admiten. En Tlaxcala, la política es territorial y de fotografía. Sin alcaldes aliados, sin estructura verde movilizada, la narrativa de unidad se resquebraja. Y aunque las encuestas sonrían, una alianza fría puede convertirse en campaña tibia… y eso abre grietas que la oposición está esperando aprovechar.
Alfonso enfrenta una disyuntiva: negociar en serio con el Verde, construir operación propia o avanzar solo, confiando en que el aparato alcance. Cualquiera implica costos.
Por ahora, el silencio del PVEM es más elocuente que cualquier discurso. No ataca, no confronta, no rompe. Simplemente no camina con él.
Y en política, cuando tus aliados deciden no caminar contigo, no es neutralidad: es advertencia.
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Primero cerraron el paso a Sergio González, hombre de absoluta confianza de la gobernadora Lorena Cuéllar. Ahora le niegan el respaldo al perfil más claramente promovido por el lorenismo. La señal es clara.
Que el Verde no camine con el delfín no es un desaire personal a Alfonso Sánchez García, es un mensaje al poder que lo impulsa. Parece que la pelea no es con el aspirante, sino con quien toca el pandero.
¿Les alcanza para ir solos?
No para ganar… pero sí para estorbar.
Al Verde no le da para competir por la gubernatura en solitario, pero sí le alcanza para encarecer la elección, restar puntos clave a Morena.
La jugada no es ganar, es valer más.
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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...