• La hija de la profesora María de los Ángeles Grant Munive, primera diputada local en la historia de la entidad, vivió una jornada histórica que calificó como un reconocimiento a todas las mujeres tlaxcaltecas.

Mariana LOVERA | En el Salón de Sesiones del Palacio Juárez, entre aplausos y la solemnidad que merece la historia, las letras doradas con el nombre de la profesora María de los Ángeles Grant Munive comenzaron a brillar para siempre en el Muro de Honor del Congreso de Tlaxcala.

Allí estaba su hija, Silvia Hernández Grant, sosteniendo el peso de una herencia que hoy se vuelve inmortal.

—“¿Qué significa para ustedes tener el nombre de su madre aquí, en este recinto?” — se le preguntó al término de la ceremonia.

Silvia respiró hondo. Detrás de ella, en un muro, estaba ya inmortalizada el nombre de su madre, quien no pudo estar presente por la distancia que a veces impone la edad.

—“Es motivo de muchísimo orgullo, satisfacción y alegría” —respondió, con la emoción contenida en cada palabra—. “A pesar de que mi mamá ya no pudo venir —está muy mayor, tiene 97 años—, lógicamente era imposible que viniera, pero mandó sus palabras grabadas. Estamos felices, muy agradecidos, muy contentos por este evento”.

—“Es un orgullo no nada más para nosotros como familia. Yo pienso que es un orgullo para todas las mujeres del estado de Tlaxcala, y no solo las mujeres, los hombres también, y desde luego, para Tlaxco, para nuestro querido Tlaxco”.

Porque lo que hizo su madre, dijo con la frente en alto, fue abrir puertas donde antes solo había muros. En una época en la que la política era territorio casi exclusivo de los hombres, la profesora Grant Munive se levantó, ocupó su curul y demostró que las mujeres no solo podían estar, sino que podían transformar.

—“Abrió las puertas para muchas mujeres tlaxcaltecas a que se atrevieran a hacer cosas que antes no estaban permitidas” —recordó Silvia, con la convicción de quien creció viendo a su madre partir a sesiones y giras, dejando en casa hijos pequeños pero sembrando en ellos algo más valioso que la presencia constante: el ejemplo de una mujer que cumplía con su deber con el empeño que le habían dado.

No fue fácil. Silvia lo reconoce con la honestidad de quien aún guarda en la memoria aquellos días en los que su madre tenía que ausentarse, en los que sus hermanos eran pequeños y ella, apenas una estudiante, aprendió a entender antes de tiempo lo que significaba compartir a una madre con la historia.

—“Sí fue difícil —admitió—. Pero creo que nos entendimos, entendimos lo que estaba pasando y cooperamos con ella”.

Hoy, al ver el nombre de aquella mujer pionera brillar en letras doradas, Silvia sabe que el esfuerzo valió la pena. Y cuando le preguntan si cree que Tlaxcala ha avanzado en materia de mujeres y paridad, su respuesta es un eco esperanzador:

—“Sí, yo creo que sí, claro que sí, sí se ha avanzado mucho. Y seguiremos avanzando”.

Porque el camino que abrió la profesora María de los Ángeles Grant Munive —primera diputada local, después diputada federal, incansable gestora hasta su jubilación— ya no se cerrará. Sus letras doradas no solo honran su memoria: son un faro que sigue iluminando a las mujeres que, inspiradas en su legado, se atreven hoy a ocupar los espacios que antes les eran negados.

Allí, en el Muro de Honor del Congreso de Tlaxcala, el nombre de una maestra, madre y pionera brillará por siempre. Y con él, la promesa de que las puertas que ella abrió nunca volverán a cerrarse.

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