Mayo terminó y dejó algo más que calor, lluvias y discursos oficiales. Dejó sangre.

Víctimas de violencia letal en apenas un mes. Homicidios y feminicidios repartidos en municipios como Atlangatepec con los cinco ultimados y con tiros de gracia. En Apizaco, Panotla, Tepeyanco, Atltzayanca, Calpulalpan, Totolac, Cuaxomulco, Huamantla, Xaloztoc y Tlaxcala capital aparecieron en los encabezados por razones que ningún gobierno quisiera presumir.

Sin embargo, mientras las cifras acumuladas son utilizadas para demostrar que Tlaxcala sigue entre las entidades con menor incidencia delictiva del país, la realidad de mayo dejó una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿de qué sirve una estadística nacional favorable cuando la percepción de inseguridad se instala en las calles?

Apenas, ayer, durante la primera mesa de periodistas de La Bestia Política, el vocero del Gobierno del Estado sostuvo que los indicadores muestran una tendencia a la baja en los delitos. Reconoció, eso sí, que existe un problema de percepción ciudadana y que las autoridades trabajan para atenderlo, y para eso el secretario de Seguridad Ciudadana sale a enfrentar los datos y da a conocer lo que se hace en el combate a la delincuencia.

La declaración no es menor.

Porque el reto del gobierno ya no es solamente convencer con números, sino explicar por qué la gente siente que la violencia está más cerca que nunca.

Y es que mayo no fue cualquier mes.

Fue el mes del multihomicidio de cinco personas en Atlangatepec. El mes en que una conductora de plataforma desapareció y fue localizada sin vida. El mes de dos feminicidios. El mes de ejecuciones a plena luz del día. El mes en que comerciantes, constructores, motociclistas y ciudadanos comunes se convirtieron en noticia por la peor razón posible.

Los gobiernos suelen refugiarse en los indicadores. Y tienen razón al hacerlo. Las estadísticas son una herramienta indispensable para medir resultados. Pero también existe una verdad elemental: la percepción no nace de la nada.

La percepción nace cuando una familia escucha de un ataque armado en el municipio vecino.

Cuando las redes sociales se llenan de videos de operativos.

Cuando los grupos de WhatsApp alertan sobre balaceras.

Cuando los ciudadanos comienzan a normalizar palabras como ejecución, levantón o feminicidio.

Ahí es donde los números empiezan a perder la batalla contra la realidad cotidiana.

Porque para una familia que perdió a un ser querido, la discusión sobre si la incidencia bajó uno o dos puntos porcentuales resulta irrelevante.

Mayo dejó claro que Tlaxcala enfrenta un desafío complejo: mantener los indicadores bajo control mientras evita que la violencia se convierta en parte del paisaje cotidiano.

La pregunta que queda para junio es sencilla.

¿Estamos frente a un problema de percepción ciudadana?

¿O la percepción simplemente está reflejando algo que las cifras todavía no terminan de contar?

Mientras el gobierno insiste en las estadísticas, la oposición encontró en mayo el argumento perfecto para construir discurso rumbo a 2027. La seguridad se perfila, cada vez más, como el tema que podría definir la próxima sucesión.

En política, los números importan. Pero las emociones votan. Y cuando la gente comienza a sentir miedo, ninguna gráfica suele ser suficiente para tranquilizarla.

Veremos cuál es el siguente paso del gobierno estatal, pero sobre todo de los ayuntamientos que han dejado de hacer su chamba, y algunos ligados con el crimen.

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LA CAMINERA...Impunidad…Lo curioso del caso es que mientras en el Cobat 01 crecen las voces que acusan a una funcionaria de presuntamente convertir la escuela en una extensión de actividades políticas, pocos quieren recordar que quien encabeza la institución arrastra señalamientos por presunto proselitismo a favor de un aspirante. Docentes y trabajadores denuncian que las aulas han quedado en segundo plano frente a convocatorias a mítines y eventos partidistas. La pregunta es sencilla: si a los estudiantes se les exige respetar las reglas, ¿quién vigila que las autoridades educativas también las cumplan? Porque en Tlaxcala parece que algunos expedientes duermen mejor que otros.

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AHORA SÍ, LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS...¿Padrino o madrina?La pregunta cada vez resuena con más fuerza en los pasillos de la Universidad Tecnológica de Tlaxcala: ¿qué mantiene a Lenin Calva Pérez en la rectoría? Porque mientras estudiantes y padres de familia denuncian rezagos académicos, deficiencias administrativas y una pérdida evidente de prestigio institucional, el se mantiene.  Lo preocupante no es solamente el deterioro de la UTT, sino la aparente protección política que rodea a un rector que, una y otra vez, se empeña en demostrar que el cargo le ha quedado grande. Si la comunidad universitaria ya levantó la voz, la verdadera incógnita es quién sigue sosteniendo a Lenin y por qué. ¿Qué le deben?

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