Anuncio con un profundo dolor y enorme tristeza que mi padre, Alfonso Sánchez Anaya, ha fallecido a los 85 años de edad.
Hoy me toca despedir a mi Papá, pero también a un hombre que dedicó su vida a los demás. Deja detrás suyo un legado de cercanía, servicio y honestidad. Se va un referente de la izquierda en México y en nuestro estado, un hombre de principios y valores que siempre creyó que la única forma de servir verdaderamente era estando cerca de las personas, recorriendo cada municipio, escuchando a su gente y procurando ayudar siempre a quienes más lo necesitan.
Como su hijo, me quedo con sus enseñanzas, pero, sobre todo, con su ejemplo. De él aprendí a caminar, escuchar y a entender que para transformar la vida de las personas hay que estar a su lado, conocer sus historias y nunca dejar de escuchar.
En cada gira, en cada municipio y comunidad las personas siempre me lo recuerdan a mi paso. Mi padre seguirá presente en cada palabra de cariño, en cada historia y en cada recuerdo que comparten conmigo. Reconozco y honro la huella tan profunda que dejó en quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.
Hoy Tlaxcala pierde a un hijo que siempre procuró ayudar a los demás. Yo pierdo a mi Papá, a mi guía, a mi ejemplo y a uno de los pilares más importantes de mi vida.
Me siento profundamente orgulloso de ser su hijo. Ha sido el mayor privilegio de mi vida tenerlo como padre, aprender y crecer con él.
Gracias, papá, por tu amor, por tus consejos y por enseñarme, con tu vida, que la mejor manera de servir es estar siempre cerca de las personas. Somos muchas y muchos tlaxcaltecas los que te vamos a extrañar.
Descansa en paz, Papá.

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