No será la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes quien visite Tlaxcala, sino Citlalli Hernández Mora, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena y una de las figuras responsables de conducir la definición de candidaturas rumbo a 2027. La fecha aun no confirmada, pero dicen que muy pronto.

Su llegada ha generado entusiasmo entre los riveristas, quienes consideran que Hernández Mora mantiene simpatía y cercanía política con Ana Lilia Rivera Rivera. Para este grupo, la visita podría representar una oportunidad para exponer directamente las irregularidades, desequilibrios y presuntas intervenciones que han denunciado durante la disputa por la candidatura al Gobierno de Tlaxcala.

Sin embargo, una cosa son las expectativas que alimentan los grupos y otra muy distinta las decisiones que adopte la Comisión Nacional de Elecciones. Citlalli Hernández tendrá que cuidar cada reunión, fotografía, palabra y gesto, porque en una contienda tan polarizada cualquier señal será interpretada como respaldo para alguno de los dos principales aspirantes.

La realidad es que Morena en Tlaxcala ya está partido entre los grupos de Alfonso Sánchez García y Ana Lilia Rivera. La confrontación dejó de ser una diferencia política para convertirse en una batalla abierta por el control de la candidatura, las estructuras territoriales, las encuestas y la narrativa pública.

El grupo cercano al exalcalde capitalino es señalado por sus adversarios de contar con el respaldo del aparato estatal, de controlar espacios importantes dentro de la dirigencia partidista y de utilizar estructuras políticas para posicionarlo como el candidato de la continuidad. Los riveristas insisten en que no existen condiciones de equidad y que la competencia interna está inclinada desde antes de comenzar formalmente.

Pero tampoco puede sostenerse que del lado de Ana Lilia Rivera únicamente reciben golpes sin responderlos.

Quien diga que la senadora con licencia no lanza piedras tendría que revisar la narrativa que difunden algunos de sus simpatizantes y exfuncionarios  culturales desde perfiles de Facebook que se presentan como medios de comunicación. Desde esos espacios se ha construido una campaña permanente de ataques, descalificaciones y mensajes cargados de resentimiento contra Alfonso Sánchez, la gobernadora Lorena Cuéllar y cualquier personaje identificado con ese grupo.

Una cosa es ejercer la crítica política, cuestionar el uso de recursos públicos o denunciar posibles irregularidades. Otra muy diferente es convertir páginas digitales en instrumentos para sembrar odio, fabricar versiones y destruir reputaciones bajo la apariencia de información periodística.

La guerra, entonces, viene de ambos lados. Unos recurren a su cercanía con el poder y otros responden desde trincheras digitales. Unos presumen estructura territorial y otros levantan encuestas. Unos hablan de continuidad y otros se presentan como los defensores de las causas originales del movimiento.

Y Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez García no pueden presumir de puros, pues ambos han atiborrado de bardas todo el estado, y la respuesta mas torpe es decir que no son suyas y que el pueblo las pintó, como si los tlaxcaltecas fuéramos «estúpidos».

Por eso, la visita de Citlalli Hernández difícilmente servirá para curar de la noche a la mañana una fractura que lleva meses creciendo. Podrá llamar a la unidad, pedir serenidad, recordar las reglas del proceso y advertir que Morena necesita llegar competitivo a 2027, pero los discursos conciliadores tienen poco efecto cuando los equipos continúan atacándose todos los días.

Además, los dos principales grupos parecen estar convencidos de que la candidatura les pertenece. Los alfonistas aseguran que tienen estructura, cercanía con la gente y capacidad para mantener el gobierno. Los riveristas sostienen que Ana Lilia encabeza las preferencias y que representa una alternativa frente al grupo que actualmente domina la administración estatal.

El problema no será únicamente determinar quién gana la encuesta. El verdadero reto será conseguir que quien pierda reconozca el resultado y permanezca dentro del proyecto. En un proceso rodeado de sospechas, acusaciones y desconfianza, cualquier decisión podrá ser presentada como una imposición.

Citlalli Hernández llegará a Tlaxcala con una tarea complicada: impedir que la disputa por una candidatura termine destruyendo al partido desde adentro. Tendrá que escuchar a todos, evitar favoritismos y dejar claro que las reglas serán iguales para cada aspirante.

Porque la herida guinda ya está abierta. Y por más experiencia que tenga la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, ningún conflicto puede sanar mientras los grupos involucrados continúen golpeándose y, al mismo tiempo, exigiendo unidad.

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TODOS A BORDOSolo uno llegará…En Morena, la disputa parece reducirse a dos nombres: Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez García. Pero solo uno obtendrá la candidatura y la gran incógnita es qué hará quien quede fuera. En los corrillos políticos ya se habla de Alfonso como una posible carta de una alianza PAN-PRI, mientras que Ana Lilia podría encontrar espacio en Movimiento Ciudadano. La decisión de Morena no solo definirá a su abanderado: también podría reacomodar por completo a la oposición en Tlaxcala.

Hoy escribe Guillermo HERRERA.

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